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Desplazamiento forzado y resistencia de Las Abejas

entre contrainsurgencia e impunidad


La memoria de los Pueblos fisura la obscuridad y el olvido. La memoria recarga la dignidad para confrontar a la impunidad de los gobiernos, fortalece las luchas y resistencias que apuntan a la libertad de quienes heredan el fulgor rebelde, mueve también a la construcción de cambios sociales hacia un mundo diferente al sistema de exclusión y muerte.

Los procesos de resistencia alrededor de la Memoria, Verdad y Justicia como los de la Organización Sociedad Civil Las Abejas de Acteal (Las Abejas) tienen una lucha profunda de construcción de autonomía. Han soportado la contrainsurgencia del gobierno implementada desde la creación y ejecución del Plan de Campaña Chiapas 94, estrategia elaborada por el Ejército mexicano para aniquilar el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Frente a esta acción de agresión, la exigencia de justicia de los pueblos ha impulsado una lucha constante por los derechos a la verdad y a la paz.

Las agresiones vinculadas a la contrainsurgencia iniciaron en 1994 con los 12 días (1) de confrontación directa de las Fuerzas Armadas de México en contra del EZLN. Continuaron en un segundo periodo, de 1995 a 1999, caracterizado por la creación e implementación de grupos paramilitares (2) en la zona Norte, Selva y Altos bajo el apoyo de los gobiernos federal, estatal y municipal. La población civil sufrió desplazamientos forzados, ejecuciones extrajudiciales, desapariciones forzadas, torturas, violaciones sexuales, agresiones físicas, hostigamientos, entre otros crímenes de lesa humanidad.

El tercer periodo, después de 1999 hasta la actualidad está caracterizado por una continua guerra integral de desgaste, disfrazada con la retórica de las autoridades federales y estatales de “respeto” a la población, que al mismo tiempo abre paso a la confrontación de las comunidades por medio de programas sociales.(3) La aplicación de estos programas se convierte en estrategia contrainsurgente al momento en que los dirigentes sociales son cooptados, volviendo un instrumento a las organizaciones de las que son parte, reduciendo su trabajo a gestores de proyectos de gobierno con intereses partidarios, prebendas políticas y control político territorial.

“Ser Abeja significa que mi palabra como mujer tiene valor, que me puedo expresar, que me puedo organizar entre nosotras, es anunciar lo que construye vida y denuncia lo que destruye la vida”

La cuarta etapa, coexistente con la anterior la ubicamos con la Guerra de Cuarta Generación o Cuarta Guerra Mundial como la nombran los y las zapatistas,(4) atravesada por una profunda ofensiva psicosocial que utiliza todos los medios del Estado para ocultar y maquillar las problemáticas reales del país. Se busca destruir la resistencia de los pueblos, sometidos a la voluntad de los intereses de unos cuantos grupos de poder político y económico a través de la implementación de un Estado policíaco-militar.(5)

Esta estrategia contrainsurgente conforma una continuidad que acentuamos en esta memoria a través de elementos multimedia, basados en la oralidad de hombres y mujeres que han forjado con lucha y dolor el caminar en medio de esta guerra contra los pueblos. Es a través de algunos de los desplazamientos forzados que han sufrido Las Abejas desde 1996 hasta el 2016, que se muestra cómo los actores paramilitares que perpetraron crímenes de lesa humanidad, siguen actuando bajo el manto de la impunidad, reagrupados, originando desplazamientos forzados, hostigamientos sistemáticos y conflictos al interior de las comunidades en un nuevo contexto de violencia generalizada.

Entre mayo y diciembre de 1997 había más de 6,000 personas desplazadas. Sólo en el municipio de Chenalhó, se registraron en diciembre de 1998 más de 10 000 personas desplazadas forzadamente a consecuencia de la violencia posterior a la masacre de Acteal, provenientes de las comunidades: Puebla, Yaxgemel, Chuchtic, Miguel Utrilla Los Chorros, Tzanembolóm, C’anolal, Centro Quextic, Tzajalhucum, Poblado Quextic, Acteal Alto, Yibeljoj y Aurora Chica. El campamento Los Naranjos (actualmente Acteal) previo a la masacre tenía 325 personas en desplazamiento provenientes de las comunidades Quextic y Tzalucum y posteriormente tuvo que salir toda la población.(6)

Las acciones violentas incluyeron la organización secreta de “sectores de la población civil empleados a órdenes en apoyo a las operaciones del Ejército"(7) quienes recibieron adiestramiento y apoyo de fuerzas del Estado, como lo marcó el Plan de Campaña Chiapas 94 elaborado por la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA).

El caso más claro de impunidad que existe alrededor de este escenario contrainsurgente es la Masacre de Acteal, pues a pesar de ser señalados directamente por sobrevivientes de la Masacre, los autores materiales fueron liberados, en el 2013 regresaron a sus comunidades e iniciaron acciones de hostigamiento en contra de las organizaciones no afines al gobierno.

Los Chorros y el ejido Puebla son comunidades donde iniciaron los conflictos que desembocaron en la Masacre de Acteal. Los Chorros fue el principal centro de formación y actividad paramilitar concentrando el mayor número de personas señaladas como autores materiales de la masacre.

En la actualidad, en el ejido Miguel Utrilla Los Chorros, una alianza de poderes está utilizando el acceso a los servicios básicos -agua y electricidad- como un arma de presión y represión política en contra de integrantes de Las Abejas en el barrio Río Jordán, quienes el 30 de noviembre de 2015, fueron privadas del derecho al agua y energía eléctrica, además de enfrentar riesgos a su seguridad e integridad por agresiones de las autoridades comunitarias.

El grupo que promueve el hostigamiento actual en contra de las familias de Las Abejas en este ejido está constituido por una alianza entre ex integrantes de Las Abejas convertidos en partidistas y personas que se formaron como paramilitares en 1997, integrantes y dirigentes del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en ese tiempo y actualmente adheridos al Partido Verde Ecologista de México (PVEM), éste último ahora gobierna en el municipio de Chenalhó y el estado de Chiapas.

En el caso específico del ejido Puebla, su historia reciente muestra ciertos patrones de ejercicio contrainsurgente que ha provocado desplazamientos forzados de manera recurrente: 1997, 2013 y 2016.

En 1997, familias de Las Abejas fueron desplazadas en el marco de la inauguración de estas estrategias en los Altos de Chiapas. El testimonio de una persona que en esa fecha tenía 10 años de edad, recuerda cómo huyó de la violencia directa junto a cientos de personas del ejido Puebla y las comunidades de Yibeljoj, Yaxjemel, Los Chorros, Sanembolom, Kanolal, Tzajalukum, Quextic.

A través de su memoria cuenta como en el campamento de San Juan Diego X’oyep se refugiaron 1095 personas. Este campamento fue creado por Las Abejas, con apoyo de organizaciones y parroquias de la región, a causa de la violencia ejercida por los grupos armados en contra de los pueblos que habían declarado su territorio como zona neutral. Paralelamente se instalaron campamentos en Acteal, Tzajalch’en y en San Cristóbal de Las Casas.

En Chenalho, la documentación realizada por el Frayba señala que algunos integrantes de los grupos armados fueron encarcelados después de la masacre y liberados paulatinamente entre el año 2012 y 2013. Inmediatamente después se reactivaron las acciones de hostigamiento y crearon un conflicto político que desembocó en un segundo desplazamiento forzado de Las Abejas del ejido Puebla, pero ahora disfrazado de un problema religioso.

En el 2013, Agustín Cruz -señalado como uno de los dirigentes de los grupos paramilitares que actuaron en los Altos de Chiapas- decidió apropiarse del terreno donde integrantes de Las Abejas habían construido una iglesia.

Colonia Puebla:
Continuidades de la violencia contrainsurgente

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A pesar de las denuncias firmes y repetidas, esta persona y su grupo, en medio de la mirada omisa de las autoridades, invadieron el predio, lo cercaron con alambre de púas, destruyeron casas y robaron material de construcción. Las agresiones se intensificaron: detenciones arbitrarias, tratos crueles inhumanos y degradantes, destrucciones, robo, quema de casas, hasta provocar el desplazamiento forzado de 17 familias.

Agustín Cruz Gómez es la misma persona que en el año de 1997, ya siendo pastor presbiteriano y comisariado del ejido Puebla, encabezó la agresión contra Las Abejas y personas que decidieron no afiliarse al PRI. La organización pacifista enfrentó violencia, y familias de esa comunidad fueron desplazadas forzadamente por negarse a dar dinero para la compra de armas y cartuchos. Este personaje bendijo también las armas de los grupos paramilitares que perpetraron la masacre de Acteal.

Las acciones ocurridas en el ejido Puebla a finales de abril del 2013, coinciden con la liberación de Jacinto Arias, líder paramilitar, ex presidente municipal del municipio de Chenalhó y originario del ejido Puebla, así como con la liberación de otras de las personas señaladas de participar en estos grupos paramilitares originarios de las comunidades del ejido Miguel Utrilla Los Chorros, Acteal Alto, Yibeljoj, Pechiquil, La Esperanza, C’anolal. Es decir, a raíz de la liberación de los paramilitares por parte de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) se reactivaron los ataques en contra del proyecto autonómico y pacífico de Las Abejas de Acteal, además de generalizarse la violencia en la región.

En el año 2016, emerge una disputa armada entre partidistas, ahora divididos entre el PRI y PVEM, por el poder político de Chenalhó, lo cual provocó una violencia generalizada en el ejido Puebla. Por temor 81 personas integrantes de Las Abejas, ajenas al conflicto partidista, se refugiaron en Acteal, registrándose el tercer desplazamiento forzado de esta comunidad.

A raíz de la liberación de los paramilitares por parte de la Suprema Corte de Justicia de la Nación se reactivaron los ataques en contra del proyecto autonómico y pacífico de Las Abejas de Acteal y se generalizó la violencia en la región.

Esta violencia tiene su raíz en el proceso electoral de 2015 en Chiapas, que generó una serie de conflictos en diversas comunidades y municipios que hasta el momento sigue vigente. Las confrontaciones han sido encabezadas, sobre todo, por simpatizantes del PRI y PVEM, ocasionando vacíos de autoridad en diferentes alcaldías municipales; ambos grupos están armados y actúan con la complicidad del gobierno de Chiapas.(8)

Desde 1997 hasta el 2016 a través de la memoria de Las Abejas y el archivo Frayba está demostrada la continuidad de las estrategias contrainsurgentes dirigidas a destruir el tejido comunitario y vulnerar a los pueblos organizados en Chiapas que impulsan acciones pacíficas como Las Abejas.

Estas estrategias se han disfrazado a lo largo del tiempo, perpetuando la impunidad con protección a actores que han cometido crímenes de lesa humanidad: en el año de 1997 como paramilitares, en el 2013 creando conflictos maquillados de religiosos y en el 2016 a través de una violencia generalizada provocada por grupos armados partidistas.

La primera ruptura fue alentada durante el gobierno de Pablo Salazar Mendiguchía, quien se caracterizó por readecuar las estrategias del Estado en sus acciones contrainsurgentes, siendo uno de los efectos más palpables el ofrecimiento de programas sociales con miras a corromper a los integrantes más visibles o cansados, y así sembrar discordia y divisiones en las comunidades que mantienen la lucha por justicia.

En 2014 un grupo de sobrevivientes de la masacre de Acteal y otras personas integrantes de Las Abejas decidieron salirse de la organización y crear el Consejo Pacifista Sembradores de Paz. Tras su escisión actuaron con amenazas, hostigamiento físico y judicial hacia integrantes de Las Abejas y su Mesa Directiva, buscando el camino del poder y control de la organización: “despojarnos de los espacios físicos y simbólicos de la organización en Acteal, espacios que es un lugar de memoria”. Actuando desde la lógica de la Guerra Integral de Desgaste.(9)

"Hasta ahora siguen usando el nombre de Las Abejas, complicando muchas cosas, documentaciones, reportes, llegan a presentarse en diferentes organizaciones como Abejas pero no lo son, son los que les gusta el poder y el dinero".

A partir del 12 de agosto del 2009, paulatinamente han obtenido su libertad 87 sentenciados por la Masacre de Acteal, señalados por las y los sobrevivientes de ejecutar extrajudicialmente a 45 personas, más cuatro aún no nacidas. Tras su liberación, el gobierno del estado de Chiapas les estableció apoyos económicos mensuales, compra de terrenos y construcción de viviendas en los municipios de Acala y Villaflores.(10)

Este grupo se presenta como víctimas, acusadas de manera “injusta” por la masacre; son apoyados por sus familias que se han manifestado por su liberación y promovidos por la Iglesia Presbiteriana de México, así como por el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Durante la acción pública de su excarcelación jugaron un papel central los medios masivos de comunicación como Televisa y TV Azteca y funcionarios federales, estatales y de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

La liberación de los autores materiales de la Masacre de Acteal se dio a pesar de que las y los sobrevivientes durante el proceso legal reconocieron a los detenidos como los perpetradores y que algunos de ellos aceptaron su participación en el hecho. La investigación judicial nunca fue efectiva y, de manera deliberada el proceso legal fue cargado de violaciones al debido proceso para alimentar la impunidad, ya que las instancias de procuración de justicia no realizaron de manera efectiva las diligencias.

"No estoy feliz porque no hay paz. ¿Los paramilitares? No van a guardar las armas, al contrario, de eso viven, están ganando dinero con el gobierno del estado. Siguen allí impunes, lo que les permite que sigan actuando."

A pesar de ello, las comunidades de Las Abejas con su acción de resistencia de larga duración han perseverado en sus acciones de Memoria, Verdad y Justicia, permitiendo que el caso fuera admitido por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos(11) y que el Tribunal Permanente de los Pueblos (TPP)(12) condenara al gobierno de México por la Masacre de Acteal.

A la par de estas acciones, los pueblos van construyendo La Otra Justicia, a través de sus conmemoraciones, actos simbólicos, encuentros contra la injusticia y el puntual señalamiento de los responsables materiales e intelectuales de estos crímenes que se mantienen en la impunidad.

De estas expresiones e intercambios nace una cultura desde el pensamiento profundo de lo local, brillando hacia una identidad universal donde todas y todos nos vemos reflejados. En estos espacios suceden nuevas formas de denuncia, de construcción de la justicia alternativa y se manifiesta a través del arte: representaciones teatrales, dibujos, artes plásticas, fotografía, vídeo, música y poesía.

25 años de caminar la memoria
y la otra justicia

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Un ejemplo de estas acciones es el trabajo de comunicación, artesanía, de teatro y el coro; expresión y voz de la dignidad rebelde de las y los jóvenes de la organización Las Abejas, formas de transmitir su pensamiento, su sensibilidad e interpretación de la historia y al mismo tiempo, de manifestar las esperanzas heredadas ancestralmente, como una forma de trascender a través de la memoria viva y para la liberación.

La memoria histórica por la Verdad y Justicia es una luz y brisa que refresca el arduo andar. En el contexto social y comunitario, es un recurso de reconocimiento como pueblos que van en una continuidad histórica a partir de la tradición en donde se plasman los valores y la sabiduría acumulada por siglos. Misma que se renueva de generación en generación y se expresa en el intercambios con otros pueblos y en las nuevas herramientas de lucha.

Ante los crímenes de lesa humanidad como es la Masacre de Acteal, surgen alternativas donde la Memoria que se rebela y se reconoce en el tiempo del recorrer de los caminos, es impulso para nuevas formas de lucha desde la autonomía, pero sobre todo en el instante mismo del presente en donde la memoria se manifiesta a través del ejercicio de la vida digna del Lekil Chapanel (Justicia Verdadera en maya tsotsil).

"El caminar es seguir resistiendo, seguir exigiendo la justicia y seguir defendiendo también a nuestro territorio y en nuestro derecho; ese sería nuestro caminar, resistencia sin inclinar la mano al gobierno."